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El barco Mississippi que recorría el lago de Arcos en Cádiz impulsado por un tractor Barreiros R 545

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El Mississippi era un barco de vapor a palas, modelo F-245 CAG, construido por encargo de Eduardo de León y Manjón, conde de Lebrija, fundador del complejo turístico del Mesón de la Molinera, situado en El Santiscal. Esta singular embarcación realizaba recorridos turísticos por el lago de Arcos de la Frontera, en la provincia de Cádiz.

El Mississippi vivió su época dorada entre las décadas de 1960 y 1980. La idea surgió cuando el conde de Lebrija preguntó a José Jurado Cabral, uno de los caldereros —constructores de estructuras metálicas— que trabajaban para él, si sería posible construir un barco que emulara a los míticos vapores del río Mississippi. El conde, gran viajero y enamorado de Estados Unidos, admiraba los barcos de vapor que surcaban aquel gran río y decidió encargar una réplica.

Durante el siglo XIX, los barcos de vapor del Mississippi funcionaban, en muchos casos, como auténticos casinos flotantes. Conectaban Nueva Orleans con el oeste del país y se convirtieron en centros clave para el ocio, albergando juegos como el póker o la ruleta. Estos “casinos flotantes” pasaron a formar parte de la cultura popular del sur estadounidense.

José Jurado Cabral, nacido en Espera pero afincado en Arcos, no lo dudó ni un instante. Aceptó el reto y construyó el barco sin planos ni conocimientos náuticos, cobrando apenas dos pesetas más a la hora por aquel singular encargo. Con la ayuda de otras dos personas, en tan solo tres meses el Mississippi estaba listo para navegar.

Uno de los aspectos más curiosos de esta embarcación era su sistema de propulsión: utilizaba el motor de un tractor Barreiros R-545. Se le retiraron las ruedas y se prolongaron los ejes para mover las palas del barco; el sistema de escape se canalizó a través de las chimeneas y todos los mandos se adaptaron al puesto de gobierno.

El Mississippi fue botado en 1965 y el conde de Lebrija vio cumplido su sueño de poseer su propio barco de vapor. Su último viaje tuvo lugar a mediados de la década de 1990, cuando fue utilizado para esparcir las cenizas de su propietario, una emotiva despedida que refleja la profunda y especial relación que mantuvo con su embarcación.

 

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